Isabel, furiosa por la abrupta finalización de la llamada, luchó por contener su ira y no destrozar su teléfono. A pesar de su enfado, logró controlarse.
Delicia, tras salir del baño, se sentó frente a Carlos. Él, observando discretamente, notó a Isabel siguiendo a Delicia. Entendió la situación sin necesidad de palabras y tomó un sorbo de su vino con elegancia, lo que hizo que Delicia tragara saliva ante la gracia de su gesto. Bajando la mirada, se concentró en su plato de carne.
—¿Cómo van las