Mientras Delicia y Carlos disfrutaban de una relación armoniosa, la situación de Alvaro Jiménez era completamente diferente. En su oficina, emanaba una frialdad glacial, y durante una reunión había reprendido severamente a varios altos ejecutivos. Al salir de la sala de reuniones, Miguel ya lo estaba esperando.
Sin darle tiempo a Miguel de informar, Alvaro preguntó con voz severa:
—¿Ya averiguaron qué pasó?
Miguel, inquieto, miró de reojo la imponente figura de Alvaro. La espalda le helaba.
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