Punto de vista de Serena
En aquel instante, el rostro de Doris se transformó con furia cuando se abalanzó sobre mí, tensando cada fibra de mi ser. Mi primer instinto fue proteger mi vientre con mis manos mientras retrocedía intentando poner distancia entre nosotras, hasta que sentí el frío y duro barandal de la azotea contra mi espalda, quedándome sin espacio para moverme.
Doris parecía como una tormenta desatada, con sus ojos desorbitados llenos de rencor y rabia dirigidos únicamente hacia mí.