Punto de vista de Serena
Cuando entré en la cafetería, localicé a Adam inmediatamente. Estaba sentado junto a la ventana, con la suave luz de la tarde proyectando un cálido resplandor sobre él mientras revisaba su teléfono. Su confianza casual seguía ahí, era el mismo Adam que recordaba, pero había algo diferente en él.
Al acercarme a la mesa, levantó la mirada y su sonrisa iluminó su rostro al instante.
—Hola —dijo, poniéndose de pie para saludarme—. Te ves genial.
—Gracias —respondí, sonriendo