Punto de vista de Bill
Mis ojos estaban fijos en la pantalla del portátil, observando la transmisión en vivo desde la cámara corporal de Javier. Sonreí con malicia, sabiendo que Max no tenía escapatoria. Era como ver la jugada final de una partida de ajedrez, un jaque mate perfecto.
Max se removió en su silla, alejando su cuerpo del papel con el logotipo de la mafia.
—Y-yo no sé de qué estás hablando —tartamudeó Max, con voz temblorosa—. Nunca en mi vida he visto esa imagen.
—¡Oh! Déjate de tont