Una esposa para el conde. Capitulo 3
Se volteó y se encontró con la mirada celeste del conde que parecía atormentado.
—Siéntese para que se lo explique.
—No necesito que me explique que ha estado riéndose a costa de mis sentimientos. ¡Por supuesto! La americana tonta y caprichosa, ¿qué podría gustarle de mí, además del dinero y las conexiones de mi padre? —reprochó dolida, con los ojos brillosos.
Estaba furiosa porque llevaba todo un año perdiendo su tiempo con un hombre que no le decía que sí, pero tampoco que no.
—Anabelle —insi