Una esposa para el conde. Capitulo 4
Thomas, como si no la hubiera escuchado, solo continuó con su relato, ido, como si se hubiera trasladado a ese momento tan trágico de su vida.
—Ese día habían requerido urgentemente de mi presencia en Kingston, una de mis propiedades, por lo que partí de inmediato desde Londres —tomó aire para seguir—. Jamás pensé que en mi ausencia se desataría una desgracia de proporciones semejantes —emitió un hondo suspiro y frunció sus atormentados ojos celestes—. Dos días después, recibí una misiva de Art