El domingo en la mañana, cuando ella se levantó, le dolía el cuerpo como el demonio. Los cardenales en sus piernas y brazos comenzaban a tornarse violáceos y las raspaduras estaban en carne viva.
— Amiga, creo que te excediste ayer… — Le comentó Loretta extendiéndole una taza de café caliente.
— Lore, si no hubiera sido de ese modo, tal vez el Doctor habría perdido a su hijo también — Loretta se mordió el labio ante el comentario — El pequeño iba directo hacia la calle, un niño de esa edad no c