Audrey empujó la puerta de la habitación de Oliver y entro con cuidado, tratando de no hacer demasiado ruido.
El pequeño niño dormía en la cama plácidamente con su pijama de héroes de cómics, y una tenue luz proveniente de la lámpara de su mesita de noche, que proyectaba pequeñas lucecitas como estrellas sobre el techo azul oscuro a manera de cielo nocturno estrellado.
Audrey se detuvo frente a la cama e inspiró profundo, tratando de controlar las lágrimas y el nudo en la garganta que amenazaba