Audrey se sentía rara, sentada en esa silla, mientras una completa extraña la maquillaba con esmero, no había necesitado antes que alguien lo hiciera por ella. Cuando Flora terminó, se le quedó mirando como quien contempla su propia obra de arte.
— ¿Qué? — La rubia se atrevió a decir interrogativamente y muy nerviosa.
— ¡Que de verdad estás hermosa! Por favor, permíteme tomarte un par de fotografías, ¡Esto hay que inmortalizarlo!
Y luego de un par de clics, la chica tenía la muestra de su marav