Punto de vista de Nadia
El trayecto en coche hasta la comisaría se hizo más largo de lo que debería.
Me senté en el asiento trasero, con las manos fuertemente entrelazadas en el regazo, mirando al frente mientras la ciudad pasaba de largo. Adrian iba delante, junto al conductor, en silencio, con la mandíbula tensa. Lena nos seguía en otro coche; su presencia me resultaba más reconfortante de lo que quería admitir, incluso a distancia.
Nadie dijo ni una sola palabra.
No era un silencio incómodo.