Punto de vista de Nadia
Después de todo el ruido, las especulaciones, las miradas evasivas y las palabras cuidadosas, lo que vino después fue un silencio extraño y deliberado. Algo más calculado. Como una sala llena de gente conteniendo el aliento, esperando a ver quién se movía primero.
Me desperté con él.
No con teléfonos sonando ni mensajes urgentes, sino con quietud. Del tipo que presiona contra la piel y te hace consciente de cada pensamiento que intentas no pensar. La luz de la mañana se colaba por las cortinas, pálida y cautelosa, como si hasta el sol no estuviera seguro de ser bienvenido aún.
Adrian no estaba a mi lado.
Me quedé allí unos segundos más de lo habitual, mirando el techo, escuchando. La casa se sentía despierta pero contenida. Pasos distantes. Un murmullo bajo de voces abajo. El leve tintineo de porcelana.
Algo había cambiado mientras dormía.
Me levanté despacio, me puse una bata y caminé hacia el sonido. Adrian estaba en la cocina con Lena, ambos inclinados sobre