Capítulo Ciento Veintiocho

Punto de vista de nadia**

Lo primero que noté fue el silencio.

No el silencio tranquilo. No el silencio de una ciudad que descansa. Este era deliberado. Calculado. Pesado. Como si el aire mismo estuviera conteniendo la respiración, esperando a que yo cometiera el primer error.

Estaba agachada detrás de un contenedor de basura en el callejón, con los viejos contactos de Mara impresos en pedazos de papel en mis manos, el pulso firme pero alerta. Cada sombra, cada movimiento fugaz en la esquina de
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