Capítulo Ciento Veinte

Punto de vista de Nadia

No dormí.

Cada vez que cerraba los ojos, volvía a oír esa voz: baja, firme, indiferente al miedo.

Deja de buscar.

La gente que dice eso nunca lo hace como consejo. Lo hace como amenaza.

Para la mañana, mi agotamiento se había transformado en algo completamente distinto. Determinación. Del tipo que se siente calmada, aterradora e irreversible. Me duché, me vestí y me recogí el pelo con manos que ya no temblaban.

El miedo había hecho lo peor.

Ahora era mi turno.

Extendí to
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