Punto de vista de Nadia
El silencio tenía peso. Presionaba contra las paredes, el suelo, mis pulmones. No el tipo pacífico —el tipo que sigue a una tormenta, cuando los escombros aún flotan en el aire y nadie quiere ser el primero en hablar por si el suelo responde.
La casa ya había aprendido nuestros patrones de respiración. Cada crujido sonaba intencional. Cada zumbido del generador se sentía como un recordatorio de que nada era normal, ni siquiera el descanso.
Me senté a la mesa del comedor