Mientras en la casa de Mauricio el le daba un beso en el cuello y Rosie pensó que tenía razón; era mucho más cómodo y, desde luego, mucho más interesante. Pero no estaba dispuesta a admitirlo. No quería darle a entender que solo tenía que silbar para que cayera rendida a sus pies.
— Bueno, basta por hoy. Vamos a dar ese paseo…
— Está bien vamos a dar un paseo.
El sol se estaba poniendo cuando salieron de la casa y siguieron caminando por las caminería del jardín. Poco después, Ella señaló un gr