La entrada a la cripta estaba oculta detrás de una estatua de mármol que representaba a un ángel con las alas rotas. Aurelio presionó una piedra en la base del monumento, y con un chirrido metálico que pareció despertar a los muertos, una sección del jardín se abrió revelando unos escalones de piedra que descendían hacia la oscuridad.
—No he bajado aquí desde que era niño —dijo Aurelio, con la voz teñida de un temblor que no lograba disimular—. Mi madre nos prohibió entrar. Decía que era un lu