El sol ya se había alzado por completo sobre el Atlántico cuando el teléfono de Nicolás vibró con insistencia sobre la mesa del faro. Era Elisa. La hermana pequeña de Aurelio. La única Chestifer que parecía tener algo de humanidad en las venas.
—Tienes que venir —dijo su voz, entrecortada y urgente—. Mi madre se ha enterado de que bajasteis a la cripta. Está furiosa. Ha convocado una reunión familiar para esta noche. Y ha dicho que quiere que Valentina esté presente.
Nicolás apretó el teléfono