Steven se pasó una mano por el pelo. Estar allí con secretaría era más difícil de lo que había imaginado. Los sentimientos amenazaban con abrumarlo y cada vez que la miraba a los ojos pensaba en lo que tenía que decirle.
— He venido para pedirte disculpas. Lo que te dije esa noche e imperdonable.
— No tienes que disculparte, para eso me habías pagado.
— Sí, tengo que hacerlo. Había perdido la cabeza, Selene. No podía creer que mi tía pudiese hacer algo tan diabólico. En realidad es que no quiso