—Nunca he estado más listo en toda mi vida.
El juzgado era un edificio de piedra gris, frío y burocrático, que olía a papel viejo y a desinfectante. Cuando entraron, Valentina sintió que todas las miradas se posaban sobre ellos. La sala estaba llena: periodistas, abogados, familiares, curiosos. En el banquillo de los acusados, Giovana Chestifer esperaba sentada con una dignidad que parecía inamovible. Llevaba un traje negro y el mismo collar de perlas que siempre, como si estuviera asistiendo a