—Gérard, no —digo, poniendo mis brazos entre nosotros para intentar apartarlo, pero mi intento falla cuando él me sujeta con fuerza, sin intención de soltarme.
—Detente, por favor —suplico, tratando de empujarlo otra vez—. Detente, no quiero que me toques.
Alzo la voz, logrando finalmente separarlo de mí, de una vez por todas.
—Juliette...
—No, no hagas esto —lo advierto.
En ese momento, tan cerca de él, logro mirarlo a los ojos y noto ese tono característico que solo puede significar una cosa.