Después de casi una hora sentada en el sofá de la sala, escucho la puerta de mi departamento abrirse, y al instante sé que es Chloé, porque en cuestión de segundos aparece al final del pasillo caminando hacia mí.
—Cariño, perdón por llegar tan tarde, el tráfico estaba horrible —dice acercándose a mí—. ¿Cómo te sientes?
Me da un abrazo tan sincero que me hace brotar las lágrimas, y no puedo responderle.
—Juliette, ¿qué te pasó? —me pregunta con preocupación.
—Nada, es solo que... Gérard y yo ter