—Vaya, vaya, esto sí que me sorprende. Cómo han cambiado las cosas, ¿eh? —dijo, rascándose la nuca—. ¿Y tu hermana, cómo pudo hacer algo así?
—Bueno, con ella las cosas fueron duras, pero seguimos adelante —me mordí el labio—. Pero hay otro asunto que la involucra que seguramente te sorprenderá aún más.
—Vaya, tendré que visitar a mi médico entonces —rió, y yo lo acompañé—. Bueno, tendrá que ser uno de mis colegas.
—Es verdad, eres un médico reconocido —respondí con una sonrisa, recordando habe