—Contigo quería hablar, Darius —dijo Abbey al entrar en mi despacho sin tocar, furiosa.
—¿En qué diablos estabas pensando al jugar así con Trisha? ¡Eres un estúpido! Y no solo eso, sino que también la engañas con esa idiota de Dayana y la zorra de Catalina.
—¿Te puedes calmar, Abbey? ¡Yo no engañé a Trisha! —exclamé, frustrado—. Por Dios, la amo. Nadie me deja explicar cómo sucedieron las cosas.
Golpeé mi escritorio y me levanté de un salto.
—Está bien. Explícame entonces cómo sucedieron las co