Camila
Mientras todos hablaban, o más bien lanzaban bombas como si fuera un campo de batalla, no pude evitar preguntarme por qué diablos había accedido a esta cena en primer lugar.
Llevaba cinco años sin ver a Pablo.
Cinco largos años desde que me dejó, con su famoso discurso sobre "seguir mis sueños" y "no querer que me detengan".
¿Detenerlo de qué? De ser él mismo, supongo, porque lo único que siempre había puesto por encima de todo era su música.
Y aunque él había intentado convencerme d