La risa se quedó en el salón cuando subí las escaleras.
Eso era lo que más me gustaba de los momentos con Andrés: que no necesitaban un cierre solemne para ser importantes. Podíamos terminar una noche hablando de si había pedido ayuda para escribir los votos y eso era suficiente. Era más que suficiente. Era exactamente la clase de cosa que quería seguir teniendo el resto de mi vida.
Llegué a la puerta de mi habitación y me detuve un segundo antes de entrar.
El pasillo estaba en silencio. La luz