El sol se filtraba tímidamente a través de las enormes ventanas de la oficina, iluminando con un resplandor dorado los costosos muebles de madera oscura y los elegantes adornos que decoraban la estancia. Tatiana estaba cómodamente sentada en el amplio sillón de piel, con las piernas cruzadas y su teléfono en la mano. Sus uñas perfectamente manicuriadas golpeaban la pantalla mientras se deslizaba por las noticias.
El silencio en la oficina de Marcel se rompió con una carcajada burlona de su part