—Espera, Jasper... es que aún no les he dicho que estoy embarazada —dije, sintiendo cómo el nerviosismo me recorría la columna.
Jasper se detuvo en seco y alzó una ceja, girándose lentamente hacia mí con la bandeja de la limonada aún en sus manos. Su mirada era inquisitiva, casi incrédula.
—¿No les has dicho? ¿Cuándo pensabas hacerlo? Si para eso es que vinimos hasta aquí, Adeline.
—Lo sé —respondí, tratando de mantener la voz firme—, pero necesito tiempo. Apenas me estoy poniendo al día con mi