El sol era una caricia de fuego sobre mi piel, y el sonido de las olas rompiendo en la orilla se sentía como una canción que conocía de toda la vida, aunque no recordara las notas.
Abrí los ojos poco a poco. Estaba acostada sobre una arena blanca y fina que parecía polvo de estrellas. Me incorporé con un movimiento lento, sintiendo el peso de unos lentes de sol sobre mi rostro. Al bajar la mirada, me sorprendí: llevaba puesto un bikini de cuerpo completo que se ajustaba a mis curvas de una mane