La casa entró en modo nocturno antes de lo habitual.
No fue una orden explícita, sino una suma de pequeñas decisiones: luces que bajaron de intensidad, puertas que se cerraron con suavidad, el sistema reduciendo notificaciones a lo esencial. La villa parecía recogerse sobre sí misma, como un animal que duerme con un ojo abierto.
Adeline estaba sentada en el despacho, revisando por enésima vez los planos de su antigua oficina. No buscaba el punto de la explosión. Eso ya lo conocía. Buscaba lo