La mañana llegó sin dramatismo.
El sol se filtró entre los ventanales con una claridad casi ofensiva, como si ignorara por completo lo que había ocurrido durante la noche. La villa despertó con su rutina habitual: pasos medidos, puertas abriéndose en silencio, el murmullo lejano del agua recorriendo las tuberías.
Adeline estaba lista.
No vestía nada especial. Ropa cómoda, clara. El cabello recogido sin cuidado excesivo. No había intención de parecer fuerte ni frágil. Solo real.
Damián la observ