Narrado por Isaelle
La fiesta estaba en su punto cuando llegamos. Música baja, conversaciones que no eran del todo conversaciones sino intercambios medidos, miradas que pesaban más que las palabras. Todo como siempre. Todo igual.
Y, aun así, no lo era.
Desde que cruzamos la entrada, sentí algo distinto en Lucan. No era evidente para cualquiera. Para el resto, seguía siendo el mismo: seguro, elegante, perfectamente integrado en ese círculo de poder donde todos fingimos ser más estables de lo que