Una mesa larga de vidrio ocupaba el centro, cubierta de tabletas, escáneres médicos, placas de resonancia magnética y tubos de ensayo etiquetados con el nombre: Amahia Rivers. Alrededor de la mesa se sentaban cinco especialistas traídos por Harlan en jets privados durante la madrugada. Ninguno hablaba de pago; el patriarca Holt no negociaba cuando se trataba de su hijo.
El doctor Viktor Kessler, neurocirujano de Berlín, de sesenta y tres años y reputación intachable, presidía la reunión. A su de