El cuerno resonó de nuevo, su eco reverberando a través del bosque como un latido grave que anunciaba el amanecer. Ryan, Lyanna, Tiberius y Kael se detuvieron, sus siluetas inmóviles bajo la luz plateada de la luna. El sonido era una llamada urgente, una que no podían ignorar. El consejo de guerra estaba a punto de comenzar, y su ausencia en el campamento no pasaría desapercibida.
“Tenemos que volver,” dijo Lyanna, su voz tensa pero decidida. Sus ojos verdes buscaron los de Ryan, como si buscar