Mateo y Sofía salieron corriendo por el pasillo, todavía con una risita nerviosa. Apenas doblaron la esquina, se toparon de frente con Margaret, que venía caminando con paso tranquilo. La mujer se detuvo al verlos solos y levantó una ceja con sorpresa.
—Vaya, ¿qué hacen ustedes aquí, pequeños? —preguntó con esa voz calmada y firme que tenía.
Los gemelos se miraron entre sí un segundo. Mateo fue el primero en reaccionar.
—Eh… nada —dijo encogiéndose de hombros, intentando sonar lo más normal pos