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Horas más tarde, cuando el sol comenzó esconderse y el hambre comenzó a vencer incluso las ganas de seguir jugando, todos terminaron dirigiéndose hacia uno de los restaurantes del resort. El lugar estaba bastante tranquilo a aquella hora, con amplios ventanales que dejaban entrar la luz de la tarde y una agradable brisa que recorría la terraza abierta. El grupo ocupó una mesa larga cerca de la zona exterior mientras los empleados comenzaban a repartir los menús.
Adrián fue uno de los primero