El silencio en la habitación seguía intacto cuando Adrián abrió los ojos lentamente.
Por un momento no se movió. Permaneció mirando el techo todavía medio adormilado, hasta que sintió algo tibio acomodado prácticamente encima de él. Bajó la mirada con calma… y ahí estaba ella, durmiendo profundamente.
La almohada que horas antes había colocado dramáticamente en medio de la cama como “barrera de seguridad” ahora estaba abandonada en el suelo, completamente inútil. Y ella… bueno, ella prácticamen