Valeria se hundió en el sofá del salón principal con las piernas recogidas bajo el cuerpo. La villa estaba en silencio, solo se escuchaba el suave rumor del viento afuera y el tic-tac lejano de algún reloj. La luz cálida de las lámparas caía sobre ella, haciendo que todo pareciera aún más irreal. Sostenia el teléfono contra su oreja con una mano mientras que con la otra jugaba nerviosamente con el borde de un cojín de seda.
—Fui hasta la empresa porque ya me tenías preocupado, Valeria. Llevaba