Benjamín abrió la puerta de un golpe y la cerró rápidamente una vez que entraron. Luego, con la maleta en la mano, subió las escaleras al segundo piso, entro en la habitación de invitados y la dejo sobre la cama. Dafne lo seguía en silencio.
—Puedes dormir aquí. Si tienes miedo, puedes llamarme ¡A mí no me molestaría dormir contigo! —esbozó una sonrisa descarada y arrogante.
—¡Ni en tus sueños! Mejor sal, quiero descansar —exclamó Dafne con una mezcla de enojo y desaliento. Recordó la última ve