Su respiración sonaba agitada en el pequeño espacio, y ella podía imaginarlo tratando de comprender lo que veía.
Sara sintió la tensión en el cuerpo de Simon. Su brazo se puso aún más rígido a su alrededor. Sabía que no tardaría en comprenderlo. Las pruebas de embarazo eran a prueba de tontas y los resultados inmediatos; la palabra «embarazada» no le habría costado mucho a una niña de seis años.
Y entonces, de repente, tan de repente que tropezó un poco, Simon la soltó. Se giró para mirarlo, pe