Ahora era Simon quien retrocedía, sintiéndose de nuevo un poco desconcertado. Su reciente revelación era demasiado reciente, demasiado dolorosa para expresarla con palabras. Todo el día adquiría un matiz irreal, como si hubiera entrado en una especie de distorsión temporal. Estaba en una casa de Nueva York con una mujer que había irrumpido en su vida y la había puesto patas arriba.
Ella acababa de decirle que estaba embarazada, y él seguía allí. No estaba huyendo a toda velocidad, como siempre