De repente, el hechizo se rompió cuando uno de sus asistentes intentó entrar por la puerta que estaba detrás de ellos. Simon maldijo y empezó a abrocharse los botones de nuevo. Sara no sabía cómo iba a poder volver a salir y articular dos palabras.
Estuvo aturdida el resto del día, pero de alguna manera logró mantenerse serena. Su equipo fingió una total indiferencia ante el hecho de que Simon Hamilton la vigilara como un guardaespaldas. Pero una vez que se fueron y se quedaron a solas, él la a