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—Por lo que recuerdo, tú también te mirabas bastante —dijo ella, alzando la barbilla—. Sabes que eres un cretino, Simon. Dices que no eres como la gente dice que eres, pero eso es mentira. Me acusaste falsamente de algo que no hice, ni siquiera te molestaste en disculparte, me amenazaste e intentaste chantajearme para que volviera a trabajar para ti reteniendo mi sueldo hasta ahora. ¿Por qué crees que puedes arrastrarme hasta aquí, encantarme con tu mirada y tus palabras, y que voy a volver cor
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