—Disculpa —espetó Simon, con la mirada desafiante, capaz de aniquilar cualquier atisbo de valentía—. Este baile con Sara es mío.
Kevin no solo no rebatió la afirmación, sino que ni siquiera le preguntó a Sara si quería que Simon la acompañara. La soltó como si fuera un carbón ardiente y retrocedió de la pista de baile, indicándole a Simon que la tomara. Y así lo hizo, con una velocidad que casi la hizo perder el equilibrio. Apretada contra otro cuerpo masculino —un cuerpo muy diferente—, Sara l