Tú eres mi rosa negra.
Tus pétalos son mi vida.
Tus espinas mis heridas.
—Porta.
Dicen que Dios le da sus peores batallas a sus mejores guerreros, pero conmigo se había ensañado. Pues conmigo no libró una batalla… me lanzó a la guerra sin armas ni armadura.
Así con el corazón destrozado, pocas semanas antes de navidad y después de mi ruptura por quinceava vez con mi exnovio, efectivamente quince veces ya. Me dirigí a la casa de Federico, mi mejor amigo.
Teníamos un trabajo en parejas, Camelia l