Mundo ficciónIniciar sesiónAl llegar a la habitación que le asignado a Adrien, mi respiración se volvió torpe. La manilla se sintió fría entre mis dedos, y abrí la puerta con un leve suspiro, allí estaba él, dormido.
Me acerqué despacio, temiendo asustarlo y despertarlo de golpe. Me senté junto a su cama, observando cada detalle de su rostro: la palidez y el frío que se adueñó de su piel, el parpadeo irregular de las máquinas y sus pitidos... En ese momento, el mundo dejó de girar. Solo importaba e







