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Resultó que el sexo de reconciliación es el mejor de todos. Al despertarme, Mía no está en la cama. Voy al baño, me lavo la cara, los dientes y me mojo el pelo. Salgo del cuarto con una sudadera puesta y sin camisa. La encuentro sentada en la terraza arropada con una manta.
—Muñeca, ¿qué haces ahí? Es muy temprano todavía. Vayamos a la cama —le pido con los brazos cruzados, cubriéndome del frío.
—No tenía sueño —me dice con cara triste.
Cuando camino hacia ella, me doy cuenta de que tiene s