Sabía que al entrar en el mundo de la medicina, mis horas de sueño se reducirían drásticamente, pero ¡virgen santa! ¡Ni siquiera había terminado el primer semestre todavía!
La semana pasada había sido caótica, especialmente por mis compromisos en la universidad. Los segundos parciales me tenían agotada. El ritmo era implacable y parecía que el tiempo se desvanecía entre las conferencias, las tareas, las interminables sesiones de estudio y las horas en el anfiteatro estudiando cadáveres. Cada día