Se giró y observó a Pablo detrás de ella, llevaba las manos en los bolsillos.
—No te me acerques —le advirtió —¡olvidas quién es mi esposo!
Pablo le mostró una sonrisa maliciosa; parecía no preocuparse por sus palabras.
La joven dio un paso atrás, presa del pánico, todavía recordaba el día en que él había enviado a asesinarla.
—Crees que eso me importa, cariño.
Pablo la tomó del cuello y ejerció algo de fuerza. Sofía intentó soltarse, pero le resultaba imposible.
—Puedo hacer contigo lo que