Los guardaespaldas solo observaban lo que sucedía con atención, tenían prohibido involucrarse, la jefa se haría cargo de todo.
—Traes a tus matones para amenazarnos —replicó uno de los hombres levantándose de su asiento —no me impresionas, le soy fiel a Pablo.
—Puedes pensar lo que quieras, no me importa.
Se escucharon los gritos de Pablo en el exterior, la puerta estaba cerrada con llave.
—Abre la puerta, maldita zorra, o voy a golpearte, abre de una vez —exclamó el hombre molesto.
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